Autor: Soltérica Ibérica
Jueves 17.05.2012 / 11:59 am
Imágenes de Lynda Carter 'La Mujer Maravilla'
Linda Jean Córdova Carter nació el 24 de julio de 1951 sin la ‘y’, que le agregó al nombre artístico. Y su nombre le queda chico al lado de la hermosura que todavía conserva con sus jóvenes 60 años. Para sus raíces hispanas, que muy poco se notan (su madre, Juana Córdoba, era de origen mexicano), es un orgullo descubrir que la Mujer Maravilla tiene sangre latina. Siendo la menor de tres hermanas, Lynda (o Linda, como prefiera llamarla) se había inclinado artísticamente por la música cuando, en la escuela secundaria, formó parte de las improvisadas bandas Just Us y The Relatives. Entonces ya hacía maravillas, cantando en el casino Sahara de Las Vegas como la única menor de edad admitida en el lugar (entraba por la puerta de la cocina, para no pasar por el casino).
A los 23 años llegó a las semifinales de Miss Mundo, representando a Estados Unidos, con las medidas oficiales 97-66-97. Tomó clases de actuación en Nueva York y consiguió algunos trabajos en televisión, con pequeñas participaciones en Starsky & Hutch. Finalmente fue elegida como protagonista de la serie de televisión La Mujer Maravilla, que debutó en pantallas el 6 de noviembre de 1975, aunque la saga empezó oficialmente al año siguiente y se filmaron 59 episodios hasta 1979. El personaje conserva más actualidad que nunca, 35 años después, igual que Lynda, quien apareció en 2005 con Jessica Simpson en Los Duques de Hazzard.
También participó en Superescuela de héroes, bromeando sobre sí misma al agregar en el diálogo: “¿Cómo esperas que haga algo así? No soy ninguna mujer maravilla”. No tan cerca de Hollywood, trabajó hace poco en el musical Chicago, de Londres, pero el resto del tiempo mantiene una vida normal de ama de casa, viviendo en Washington con su esposo, el abogado Robert Altman y sus dos hijos, James y Jessica.
Verse bien en cine es algo muy importante. Pero siempre, desde la época de la serie, quise interpretar la edad que yo tenía. Nunca intenté mantener el glamour de la juventud. Hice una película donde representaba a una mujer grande con un amor más jovencito. No hay nada peor que escuchar las críticas: ‘¿Qué le pasó?’. Y si el público también crece con uno, tampoco hay demasiada sorpresa cuando me ven como soy. Es algo que he venido pensando en los últimos 25 años.
Trato de cuidarme con ejercicios y comiendo bien, como todos intentamos hacer. Mi padre hizo gimnasia toda su vida y a los 80 años seguía con el estilo de ejercicios de fuerza de brazos que hacen los militares y caminaba seis millas. Su hermana, que era mucho menor, casi ni podía caminar y su hermano mayor falleció, pero papá nunca tuvo problemas en salir a jugar fútbol con los bisnietos. Es lo que me inspira a seguir.
Es algo que acepté desde muy temprano, cuando me di cuenta de que tenía dos opciones. Podía adoptarla como era o seguía otra vida miserable, tratando de demostrar todo el tiempo que no soy lo que la gente cree que soy. Yo también quise a la Mujer Maravilla y tuve la oportunidad de interpretarla. No me parece malo que me identifiquen con el personaje. No soy ella, lo sé, no estoy loca, pero la gente tiene la tendencia de imaginar que tengo las cualidades que le gustan del personaje (riéndose).
Es lo único que me costó aceptar al principio. Hay que entender que aquel estilo de corpiño yo lo había usado mucho antes que Madonna lo pusiera de moda (vuelve a reír). En la segunda temporada cambiaron el vestuario, el busto ya no se veía tan pronunciado y se sentía más cómodo. También hay que acordarse que fue durante una época de liberación sexual, en los tiempos del biquini. Pero yo tampoco pensaba en ser sexy.
Yo había pasado por varias entrevistas para diferentes personajes, incluyendo muchos de los que habían conseguido estrellas de los años 70 como Kate Jackson, Farrah Fawcett y Jacklyn Smith. Todas terminábamos haciendo los pocos roles femeninos que había en aquel momento. La búsqueda de la Mujer Maravilla llegó después. Había hecho otra prueba de cámaras con Laurence Gordon para una película que nunca se hizo. Y como ya habían visto mi primera prueba, no necesité pasar por las horribles lecturas frías, pero igual dijeron que me iban a probar. Enseguida me puse a dieta, preocupándome por mantenerme en forma y todas esas cosas. Compré todo lo que pude conseguir sobre el personaje, discutiéndolo incluso con amigos actores, buscando la forma en que quería interpretarlo. Al final me tomaron la prueba y el tiempo que tardaron en llamarme se sintió como si hubiesen pasado varios años, aunque apenas fueron un par de semanas hasta que me eligieron.
Yo trataba de hacer la mayor cantidad de escenas de acción que me dejaban. Me nombraron miembro honorario de la asociación de dobles Stunts Unlimited por todas las peleas que había filmado. Era importante porque cuando la cámara se acercaba podía mostrar que yo era la que peleaba, en vez de grabar una espalda a la distancia.
Yo sugerí que podía girar, porque había tomado muchas clases de danza. Me pidieron una muestra. Y cuando lo hice, enseguida dijeron: ‘Tal cual’. Lo que no me gustaba era la música que ponían cuando volaba el avión invisible. Pero me agradaba tirar la tiara como si fuera un boomerang, aunque en verdad nunca volvía. Los brazaletes fueron el mejor invento de los especialistas de efectos especiales y si te fijas, mis manos estaban siempre cerradas porque escondía el disparador que hacía saltar las chispas, como si realmente estuviera parando las balas.
Puede ser... Es grandioso verme como una pionera, pero la verdad es que lo hubiese hecho igual, completamente gratis. Fue una oportunidad enorme. Y el aprecio creció mucho más desde que la serie dejó de estar en televisión, hasta el día de hoy, inclusive.
Este artículo hace parte de la edición de la Revista Aló del 10 de FEBRERO de 2012.