¿Y dónde está el botiquín de primeros auxilios?

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Por: Diestra Siniestra Domingo 19.02.2012 / 06:39 pm
¿Y dónde está el botiquín de primeros auxilios?¿Y dónde está el botiquín de primeros auxilios?

Foto: Imagen tomada de internet

Por: Angelique

Mientras leía ALÓmujeres.com encontré un artículo que me devolvió a mi inicio de año Prepárate para acampar con todas las de leyfue el tiquete de vuelta al principio del fin Maya: mis vacaciones en el paradisiaco Parque Tayrona empezando el 2012.

Después de unos días en Cartagena dejando historias y risas en sus murallas, me dirigía junto a mi séquito de amigas, una argentina adoptada, un stock de backpackers y varias bolsas ecológicas llenas de enlatados y bebidas alcohólicas y no alcohólicas a uno de los pedacitos de cielo que como ciudadana colombiana promuevo con orgullo: el Tayrona. Luego de dormir 4 horas mis trasnochos cartageneros y de esconder detrás de mis gafas oscuras mis noches de fiesta ahí estaba liberando toxinas y ganando endorfinas. El encuentro no solo era con el parque, también era con integrantes de mi “parche” de amigos que muy queridos y muy de la casa nos esperaron para verificar que podíamos con los días de camping, carpas, sol y comida enlatada. No nos iban a dejar morir en el intento ¿no?

Pues bueno, empezó la caminata, empezaron las fotos y empezó sin dar espera el coqueteo con ese integrante del grupo que hacía y hace parte de mi pasado judicial amoroso. ¿Quién puede resistirse a un amor de verano con esa luna de testigo? Era inevitable que él cayera en mis encantos o bueno está bien que yo cayera en los suyos o bueno como fuera pero caímos.  

Mi linterna era su linterna, su cobija era mi cobija, mi carpa no era mía ni de él era nuestra, mi botella de agua y la suya eran una, los brindis, las canciones bajo la luna, el baile en el campamento del vecino, entre otras tantas chispitas mágicas que acompañaban la noche, hacían que yo le luciera a él y él a mí. No sólo combinaban nuestros tenis –teníamos los mismos- el paraíso entero combinaba con nosotros.

Pero citando a mi señora Madre “tanta maravilla no podía ser cierta”, en una milésima de segundo, mi adorado accesorio de la noche no estaba conmigo, estaba coqueteando con una aparecida, una chica con pasaporte Argentino. ¡Por Dios! que Karma son estos pensé inmediatamente –habíamos tenido que lidiar con el ego XXL de estos pibes en Cartagena- y después de eso no daba crédito a lo que mis ojos veían.

Ese que hacía unos minutos combinaba conmigo, ahora intentaba combinar con otra sin importarle pasado judicial o presente mágico, el jovencito no quería los enlatados de las bolsas ecológicas, al parecer quería un “buen” churrasco argentino. Su retina alcoholizada y la mía de paso, nos hacían ver a esta “importada” como una buena presa para él y como una dura rival para mí.  Y Yo que pensé que los espejismos solo se daban en los desiertos, pues este parecía uno, yo realmente no daba crédito a lo que veía. Cuando pensé que nada podía ser peor ¡BANG! la “mina” esta lucía un hermoso sombrero colombiano obsequiado por el sujeto. Mientras ella lo lucía, apuesto que pensaba "Awww que detalle tan lindo: un souvenir colombiano che!" En cambio yo al otro lado  me coloreaba de rojo ¿Souvenir colombiano? Devuélveme MI sombrero boluda!

Si señores, contra cualquier pronóstico, este jovencito puede fácilmente audicionar en YO ME LLAMO Alfie (el perro vagabundo, ese interpretado por el papasito de Jud Law). Había regalado MI sombrero, es eso ¿posible? Sí ríanse, ríanse que yo escribiendo también lo hago. Pero en ese momento mi neurosis era tal que activé mi chip de santandereana y dije en letra cursiva –entiéndase enredado por aquello de los tragos- ¡te doy 5 minutos para traer mi sombrero, sino voy yo y se lo pido!

Alfie –como lo llamaré de ahora en adelante- no tuvo más remedio que pedir el sombrero pues no podía permitir que la mina conociera el “genio” de una santandereana. Así que el sombrero no de Llorente pero si de la discordia volvía a su dueña mientras el churrasco argentino volvía a su campamento y el gigoló volvía como el perro arrepentido con el sombrero entre las piernas adivinen a quién? ¡A mí!

Yo no quería compartir ni mi linterna, ni mi carpa, ni mucho menos mi mano, mano que insistía caballerosamente el sujeto en tomar para evitar una caída en la arena paradisíaca. Al son de la “Celosa” de Carlos Vives y mi cantaleta santandereana se añadía otro capítulo a la polémica serie Big brother: Tayrona.

Al día siguiente, yo empacaba mi backpack para volver a la realidad y él se quedaba un día más en el paraíso seguramente con la intención de volver a conquistar a la “mina”. Resultados del paseo: ¡Prueba superada! ¡Lo logramos! no aguantamos hambre, ni frío, ni sed, pero eso sí nos falto algo en nuestro equipaje el botiquín de primeros auxilios: alcohol antiséptico para limpiar la herida, gasas e isodine solución para el ego rasguñado, analgésico para aliviar la ira, anti-inflamatorios para el orgullo hinchado y unas banditas de micropore para disimular cualquier tipo de cicatriz.

Aunque en el viaje no hubo botiquín en la realidad si hubo “justicia divina” (como diría mi abuela) y mi “revancha” no tardó. Habitando la cotidianidad y con el tránsito de fotos clásico de un post-viaje hizo su aparición LA foto de la mina y el sujeto y ¡oh sorpresa! Nuestras retinas alcoholizadas nos habían jugado una mala pasada, ni era una rival de miedo ni alcanzaba a ser un churrasco argentino. Así que fué un ¡BANG! ¡Slap in your face!

Pie de página: Colombiana que ríe de último, ríe mejor.

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Hace 87 dia(s).

lo que queda después de los paseos..... Historias para reír y reír...!!