Cambio de look y mi carrera criminal

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Por: Soltérica Ibérica Miércoles 25.01.2012 / 06:04 pm
Cambio de look y mi carrera criminalCambio de look y mi carrera criminal

Foto: Esto lo hice yo, con una plantilla de Glass Giant

Estoy escribiendo un libro ¿les había contado? Así que lo primero en el orden del día es agradecerles. Si ustedes no me leyeran, Intermedio Editores nunca habría pensado que editar mi libro era una buena idea. Gracias totales. Si todo sale bien a principio de marzo estará a la venta, yo les iré contando.  Y sí, me estoy haciendo autobombo porque espero desde el fondo de mi corazón que todos compren mi libro, así sea para nivelar una mesa coja.

Bueno, pues el caso es que para mi libro, a quien de cariño mis amigas y yo llamamos baby book, se me ocurrió usar la imagen que era mi avatar para este blog, la pintura de Roy Lichtenstein que se llama “Girl with Ribbon”. Y muy diligentemente escribí a la Fundación que maneja los derechos de autor del artista. Les expliqué que estaba en el proceso de buscar imágenes para la portada del libro y que quería usar esa.

Al principio fue todo amor. Que felicitaciones por mi libro y que gracias por pensar en los cuadros de Lichtenstein, que les contara más sobre el libro. Yo les expliqué que está basado en el blog y me dijeron que les parecía muy interesante, que si les podía pasar el link. Lo hice y a los 30 segundos (no les miento) me llegó un mail muy amenazador diciendo que haber usado la imagen para el avatar de mi blog era una violación de copyright y que tenía que cambiarla inmediatamente o atenerme a las consecuencias.

Lo primero que me pasó por la cabeza fueron ganas de cachetearme. Esto me pasa por ponerme de diligente, quién me manda. Lo segundo fue una paranoia mayúscula. La policía de Internet me está buscando, Gran Hermano me mira, en cualquier momento entran los tipos de SWAT por la ventana de mi oficina y ¿quién va a ir a llevarme cigarrillos a la cárcel? Estoy perdida, lo mejor sería ir directamente a una estación de policía y entregarme.

Y es que siempre he sido pésima delincuente. No sé si son secuelas de una estricta educación católica o de haber estudiado derecho, pero me gana el miedo. No es que sea una persona muy recta y muy ética, sino que la idea del infierno me aterroriza casi tanto como la de la cárcel.

Cuando estaba en el colegio me fui un fin de semana con unas amigas a la finca de una de ellas. Era un pueblito de la Sabana de Bogotá, no me acuerdo exactamente cuál, pero hacía frío. Lo primero que hicimos después de desempacar fue salir a buscar leña para la chimenea. Llegamos al sitio, un potrero con una choza y montañas de leña, pero no había nadie. Esperamos un rato, gritamos, pitamos y no apareció nadie. Esperamos más.  Se hizo de noche. Finalmente la dueña de la finca dijo que cogiéramos la leña y volviéramos al día siguiente a pagarla, que a su familia la conocía toda la vereda y no pasaba nada.

Bueno, bueno, bueno, yo me sentí en Ocean’s Eleven. Subí esos troncos al baúl del carro como si estuviera cargando lingotes de oro. La adrenalina me hizo repentinamente la mujer más fuerte de la meseta cundiboyacense y lo único que quería era largarme de ahí a toda velocidad. Nos subimos al carro y yo jadeaba de la impaciencia. A los 100 metros de haber arrancado notamos un carro detrás de nosotras. “¡Acelera!” grité yo. Y ella contagiada de mi histeria aceleró. Pero el carro de atrás empezaba a alcanzarnos y nos estaba haciendo luces. Maldito este jeep Lada y maldita carretera destapada, pensé mientras el carro, que yo estaba segura que era de la fuerza de despliegue rápido contra robos de leña, empezaba ganarnos terreno . Eran 3 tipos y nos estaban gritando algo, pero yo no alcanzaba a oír. Ya me imaginaba llamando a mi papá desde el calabozo municipal y manchando para siempre mi impoluto pasado judicial.

Cuando finalmente nos quedaron al lado yo ya estaba fuera de mí de la angustia, así que bajé la ventana y grité a todo pulmón: “¡Nosotras no nos hemos robado ninguna leña!”.

Resulta que eran 3 lugareños deslumbrados con nuestra belleza citadina y querían invitarnos a bailar a la discoteca del pueblo. No sabían de qué leña estaba hablando yo. Está clarísimo que habría fracasado como espía, y  exhorto al gobierno a que nunca me confíe un secreto de seguridad nacional. Está visto que lo mío no es propiamente mantener la compostura bajo presión.

Así que volviendo al tema inicial, los más observadores habrán notado un cambio en mi blog. La obra de arte que en adelante usaré como avatar la hice yo, increíble ¿verdad? Teniendo en cuenta que el programa más avanzado que encontré en mi computador fue Paint, y que mis capacidades de motricidad fina son nulas, me siento muy orgullosa. Claro que si alguien quiere donarme generosamente los derechos de una imagen por la que no me vaya a venir a buscar el FBI, será bien recibida.

Y esa es la historia de mi cambio de look y mi cortísima carrera criminal.

@Soltérica

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Interesante

Hace 105 dia(s).

a mi papá desde el calabozo municipal y manchando para siempre mi impoluto pasado judicial.