Autor: Soltérica Ibérica
Jueves 17.05.2012 / 11:59 am
Tres meses antes del nacimiento de su primer hijo, Verónica Orozco está en la feliz espera. Pasa los días descansando en su apartamento, leyendo mucho y arrunchada, bajo las cobijas, si hay mucho frío. No es que se esté escondiendo, sin embargo, estos seis meses de embarazo han sido de reencuentro consigo misma, de contemplación y de gozarse al máximo cada minuto del ser madre. Está hibernando.
La ‘lluvia tórrida’ atosiga al mundo del otro lado del vidrio del restaurante en el que nos encontramos y en la mesa de enfrente, con tres damas tomando café, ninguna deja de mirarla. ‘Vero’ luce muy bella, con la piel luminosa y la sonrisa generosa, absolutamente empoderada y orgullosa de su estado. Aunque su barriguita es pequeñita y redondita, tal cual los embarazos ‘mágicos’ tipo Gisele Bündchen, parece otra, tiene una mirada más dulce. La bebé salta, brinca, se mueve sin parar y ella solo sonríe.
Luego de un capuchino y de unas cucharaditas de un pie de limón, Verónica revela que se enteró luego de finalizar las grabaciones de San Andresito, cinta que protagoniza al lado de Andrés Parra. “Si hubiera sabido al arrancar la película, seguramente no la hubiera hecho. Mi personaje es el de una policía a la que le toca duro, grabamos escenas de mucho movimiento, con patadas, puños, persecuciones, disparos, todo fue muy intenso”.
El día que finalizaron el rodaje, el equipo de producción abrió una botella de champaña para brindar. “No quería tomarme ni un trago, cuando en otros momentos me hubiera quedado hasta las cinco de la mañana bailando reggaetón, me fui a dormir de una”. Algo pasaba…
A los días arrancó el casting de Mulata, novela que prepara RCN, quedó seleccionada y estaba feliz porque nuevamente trabajaría con Sergio Osorio (de A corazón abierto), pero como a las dos semanas, luego de algunos mareos, se enteró de que estaba embarazada. “Lógicamente fue una sorpresa, lo había pensado en unos dos años, pero bueno, llegó; aunque en el fondo quería, me daba como sustico”.
Sí, estaba muy nerviosa, pero cuando vi las dos rayitas, me fui para la clínica a hacerme las pruebas, menos mal todo estaba perfecto. Casi tenía dos meses, más de lo que pensaba. Recibí la noticia con toda la emoción del mundo.
Mi mamá estaba en Alemania en ese momento, pero fue la primera a la que llamé, después a mis dos hermanas, Ana María y Diana. Mi mamá estaba enloquecida, como en shock, se quedó callada y yo le decía: ‘Dime algo’, pero a los tres días llegó con un montón de regalos y en una emoción absoluta.
Justo esta mañana estaba pensando en eso, me siento muy tranquila, más que nunca, y absolutamente segura de mí. En todos estos años pasé mucho tiempo buscando sentirme segura, hallándome, pero uno no debe hacer concesiones que vayan en contra del corazón y la intuición, siento que la maternidad me ha conectado mucho con eso: con mi feminidad. Me siento fuerte, sexy.
Cuando me miro al espejo soy feliz, veo el cuerpo de una mujer que puede dar vida a otro ser y no hay nada más bonito que eso, soy una Verónica más firme, más segura.
Sí, fueron muchos mareos y náuseas, era indescriptible. Hablaba con mi hermana Ana María y me decía: ‘Pero si yo también estaba así’, y le decía ‘No, pero nunca me decías’. Y ella: ‘Sí, pero tú nunca me parabas bolas y es que uno no lo entiende hasta que lo vive’. Duré tres meses prácticamente acostada en mi cama.
A veces podía medio leer, el computador me daba mareo, no podía ver el celular. Le cogí fastidio hasta a mi ropa, no soportaba los olores, odié una camisa de pájaros que amo y adoro, me tocó esconderla, algo absurdo… Cuando mis amigas me contaban cosas así, yo pensaba ¿qué es esta estupidez? Mi médico me decía: ‘Vero, al entrar al cuarto mes vas a florecer y a ser feliz, vas a brillar…’ No quería ni asomarme a la ventana.
Lloraba un montón, estaba supersensible, me costaba mucho no sentirme bien físicamente, estaba cansada y efectivamente, cumplí los cuatro meses y coincidió con las vacaciones de diciembre y me sentí bien, florecí y ahí sí viví la felicidad completa.
Pasamos Navidad y Año Nuevo en familia, el 24 con la familia de él y el 31con la mía. También viajamos a Santa Marta y me sirvió mucho la conexión con el mar. Pasamos unos días divinos, todo lo que ha sido hasta ahora juntos ha sido divino. Es una plenitud que nunca había sentido.
Es la primera vez que paro en 12 años y sí era un ritmo duro que me encanta, pero todo llega en su momento. Cerré un ciclo muy lindo con A corazón abierto, no solo por lo exitosa, sino porque la disfrutamos mucho, amaba mi personaje y quiero estar muy pendiente de mi hija mientras pueda, quiero volver a trabajar, pero no tengo ningún afán.
Estoy feliz en casa, cocinando, leyendo, tomarme el tiempo que hace mucho no me tomaba y lo estoy disfrutando mucho.
Lucrecia (7) y Nia (2), que son lo más hermoso del mundo, no lo pueden creer, nos vemos todos los días por Skype y me dicen: ‘muéstrame la barriga, cómo va’. Ana María, que es una belleza, vino hace unos días y me trajo una maleta llena de ropa para mí y para el bebé; mi última sobrina nació en verano y tenía mucha ropa que no usó, porque se la pasaba en pañal.
El amor verdadero, por fin le llegó
Lo conocí por medio de Jorge Llano, que es amigo de ambos. Él ya me había dicho: “yo le tengo el hombre de su vida”, pero odiaba las citas a ciegas. Quería entrar a estudiar la terapia Gestalt, me metí porque uno trabaja muchos procesos personales que me interesaban y él era uno de mis profesores, es psicólogo...
No, pero se dio en un tiempo. Es muy especial, profundo, estoy muy enamorada, es paisa y el hombre con el que quiero estar el resto de mi vida sin duda alguna.
¿Siendo psicólogo no vive analizándote?
Creo que en casa de herrero azadón de palo, no mezclamos para nada eso. Además, yo soy una chiflada y el también está loco afortunadamente. Aparte de ser psicólogo es muy artista, toca guitarra y canta divino, tenemos muchas cosas en común, es una relación de disfrute absoluto.
Sí nos queremos casar, no sé si antes o después de que nazca la baby, pero sí lo vamos a hacer.
Lo máximo, empezamos a vivir juntos en mayo del año pasado y él es un hombre de familia y nos encontramos en el momento que era para los dos. Ya tenía muy claro que el amor de la vida uno no se lo encuentra un día, eso se trabaja todos los días y ha sido un encuentro muy fuerte, tenemos un lazo muy profundo.
Él habla de los límites, de la disciplina, pero creo que se va a derretir, esa niña va a hacer lo que quiera con él.
No tengo ni idea. Lo que quiero es analizar mucho y ojalá logre aprender de ella y dejarla ser, observarla y guiarla con amor. Quisiera ser igual de paciente a mi hermana Ana María, ella está siempre en calma.
Sí, cuando estaba tan mal eso primeros meses, Sebas me decía: ‘tranquila, que eso es porque es la niña, con el niño no te va a dar tan duro’ y quería pegarle. Sueño con tres hijos, ojalá, pero vamos uno por uno. Lo importante es el amor y la conciencia.
Acordes maternales.
Mucha música clásica, jazz, blues.
Un montón de libros de maternidad, crianza, porque soy obsesiva con todos los temas. También uno que se llama La senda sagrada del guerrero, habla del miedo y de cómo trascenderlo.
Tomo mucha agua porque equilibra las hormonas. Aceite de almendras y bloqueador todo el tiempo.
Como de todo, nunca he sido fan de las frutas, pero me han dado ganas de mango y jugo de naranja. Desayuno arepa, chocolate, queso, de todo.
Sebastián y mis amigas de siempre: Carolina Cuervo, que es mi mejor amiga, Lisa y Jorge Iván, mi ex compañero de apartamento.
Este artículo hace parte de la edición de la Revista Aló del 10 de FEBRERO de 2012.
esta muy bonita