Por: César Borja
¿Envejecer con dignidad o excederte con el bisturí?
Foto: Archivo ALO
Como decía mi abuelita: “Ni mucho que queme al santo, ni tan poco que se entuma de frío”... o algo así. Lo cierto es que si hoy en día es posible llegar a la vejez luciendo bien, ¿por qué no hacerlo? Existen dos formas de lucir bien cuando aparecen en tu rostro esos plieguecitos y grietitas que, sin importar tu estrato social, raza, color, religión o inclinación sexual, van delatando tu edad ‘de una’ y sin la menor compasión. La primera es cuidando tu piel, humectándola con cremas especiales, evitando el sol e ingiriendo alimentos con vitamina E, D. Por supuesto, existen arrugas que no desaparecen ni porque nos metamos un frasco de vitaminas todos los días, ni nos embadurnemos la cara con una lata de aceite de transmisión para tractomula. Esas arrugas se desvanecen sólo con bótox y ácido hialurónico –para las que tienen con qué–, o maquillaje y yeso –para las que no tienen cómo–.
La otra forma de lucir bien –y esto les va a sonar un poco tonto, pero créanme, no lo es– es sintiéndote bien. No existe mejor medicina para lucir más joven y radiante que la felicidad, así de sencillo. Como tampoco existe peor tratamiento para lucir acabada, arrugada y vuelta nada, que estar preocupada, enojada y amargada. ¿Cómo ser feliz? Fácil.
-
No te sientas vieja. La vejez, así como la pobreza, la riqueza, la sensualidad, etc., son estados de la mente; si te sientes así, te verás tal cual. Procura hacer todas esas cosas que te hacen sentir llena de vida: bailar, pasear, jugar, coquetear, amar, lo que sea, y si en ese camino por sentirte viva te encuentras con uno que otro ‘pollo’ que te llama la atención y tú a él, bienvenido sea. Recuerda: “Un pollo al año, no hace daño”.
-
Deja las envidias. No existe algo que mancille más el alma que las envidias y los egoísmos. Sí, yo sé que es muy berraco ver cómo mujeres sin talento, sin conocimientos, sin cultura, sin nadita de neuronas –ah, pero eso sí, con muuuucho por delante y por muuuucho por detrás– salen adelante.
-
No le hagas daño a nadie. Vive tus días con amor y tranquilidad y verás cómo te sonríe la vida. Aunque te mueras de ganas de estrangular a tu jefe, de despellejar vivo a tu ex, no lo hagas, –ruega en silencio que alguien lo haga por ti–, te sentirás bien y lucirás más bella.
-
Disfruta del silencio. Si no has aprendido a saborear ese gran placer que es compartir tus momentos con el silencio, hazlo. El silencio te colma de paz y sosiego.
-
Ahuyenta la tristeza. No permitas que la angustia, el pesimismo, la nostalgia, el dolor o cualquier otro tipo de aflicción te derrumbe, mantén siempre el ánimo en alto y recuerda: “Los colombianos somos la gente más feliz del mundo”. Puede que estemos vaciados, desempleados, endeudados, cansados y hasta desahuciados, pero felices al fin y al cabo.
-
Ama lo que haces… Y serás feliz. No importa lo que hagas, hazlo con amor; está comprobado que todos aquellos que disfrutan lo que hacen viven mejor y por más tiempo. Por otro lado, quienes detestan lo que hacen, pasan el mayor tiempo amargados y perecen antes –y por lo general uno se ve mejor vivo que muerto.
Este artículo hace parte de la edición de la Revista Aló del 10 de FEBRERO de 2012.
.598